Crónica de Morente más Morente en La Riviera.

Actualizado: Hemos incluido nuevas fotos y videos.

Por Pedro González.

El pasado 20 de febrero fue la noche en que se rindió homenaje al inigualable Enrique Morente. La Riviera se vistió de gala para regalarnos este Morente Mas Morente.

Enrique Morente. ©Jaume de Laiguana. www.jaumedelaiguana.com

Enrique Morente. ©Jaume de Laiguana.
http://www.jaumedelaiguana.com

La escaleta nos invitaba a una noche en la que un gran número de artistas de distinto pelaje se unirían para poner su granito de arena en el conjunto de este homenaje. Finalmente no acudieron a la noche Loquillo ni Jorge Pardo.

La primera parte sería una mezcla de canciones compuestas en recuerdo a Enrique Morente y versiones que interpretó. La segunda, una revisión de Omega, la obra cumbre de Morente junto a Lagartija Nick de 1996.

Abrieron Negri y El Paquete de La Barbería del Sur interpretando “Lo Bueno y Lo Malo” de Ray Heredia para enlazar con la versión que Enrique Morente hizo de La Leyenda del Tiempo. Bebe y Javier Colina entraron a continuación para continuar este cuadro flamenco.

Javier Ruibal. Foto de Deflamenco‏@deflamenco_com

Javier Ruibal. Foto de Deflamenco‏@deflamenco_com

En solitario, Javier Ruibal dedicó una preciosa “A morente” nombre de distintas acepciones que trató de explicar al público mientras alguien le gritó “¡No te compliques!”. Sin duda, la canción fue una de las más emotivas de la noche aportando una elaborada guitarra arpegiada,  una letra emotiva y alegre y una voz aflamencada y desgarradora.

Jorge Drexler nos ofreció también una canción dedicada a Morente, “Cuando cantaba Morente” presentándola bajo el lema “La vida llenaba el vaso cuando cantaba Morente” y provocando una ovación con su pequeña arenga. Se le veía tremendamente cómodo interpretando esta nueva canción, daba la impresión de formar parte de su repertorio clásico.

Raimundo Amador. Foto de Paco Posse ‏@Fotopaco

Raimundo Amador. Foto de Paco Posse ‏@Fotopaco

Raimundo Amador, acompañado de Lin Cortés, se disculpó por no haber tenido tiempo de preparar otra cosa que no fuera el “Lunático” de su etapa con Pata Negra. Luciendo una preciosa guitarra a la que le costó domar por un lado por problemas con los efectos que tenía programados y por otro, porque dio la impresión de que tampoco se pudo preparar demasiado bien este tema a juzgar por las miradas que Lin lanzaba a Raimundo para saber cuándo iban a concluir sus partes solistas.

Santiago “Guapo” Auserón, como le llamaron desde el público, acompañó a Raimundo en la siguiente canción, dejando a Joan Viñas el puesto de guitarra eléctrica y cogiendo él una española. Lin Cortés se pasó al cajón para acompañarles. “Enrique, nos has hecho venir aquí y a mí me ha tocado hacer uno de tus tangos”, dijo Santiago como presentación.

Hasta aquí, esa primera parte. Era turno ahora de comenzar con la revisión de Omega, revisión que vio alterado su orden pero no su esencia.

Esta segunda parte comenzó con “La aurora de Nueva York” a manos de Bebe y Soleá Morente y acompañados tan solo del cuadro flamenco, Lagartija Nick aún no hicieron acto de presencia. Sin duda esta fue una de las interpretaciones más emotivas, el crescendo que alcanza el final de la canción con la progresión de voces que van incorporándose fue sin duda precioso.

Motente mas Morente – La Riviera

Motente mas Morente – La Riviera

Ahora sí, Lagartija Nick hacen su aparición y se sitúan como es habitual en Omega en la parte trasera del escenario. Antonio Arias vestía de camisa, chaleco y sombrero de ala corta, una imagen que recordaba a la clásica vestimenta de Leonard Cohen.

Suena Omega, la pieza más esperada de la noche sin ninguna duda. Es en este momento cuando una serie de puntos hace pensar que no se ha ensayado todo lo necesario para que esta ocasión irrepetible saliera perfecta.

Las guitarras eléctricas estaban demasiado bajas, y las voces de los cantaores no entraban al compás (algo raro en el flamenco). Fue Antonio Arias quien tuvo que marcar estas entradas con su voz y un rostro que reflejaba cierto nerviosismo.

A pesar de todo, las partes instrumentales se ejecutaron a la perfección lo que hizo que no fuera tan agridulce el resultado.

Estrella Morente puso voz a Aleluya, Antonio Carbonell le acompaña a la voz y a las letras ya que este usó una chuleta para poder cantarla. La cantó a la perfección y con un timbre muy cercano al de Enrique Morente Ese papel en el escenario fue otro de los puntos de los que hablábamos un poco más arriba. La canción concluyó con Soleá y Kiki entrando en escena para acompañar a su hermana y a todo el público que se unían en una sola voz.

Noni de Lori Meyers intepretó “Vuelta de paseo”. Antonio Carbonell abre la canción de forma perfecta y Noni sorprende con un registro y un deje fuera de lo habitual. Aun así, las voces vuelven a entrar tarde y otra vez, Antonio Arias hace de director de orquesta.

Soleá interpreta el “Pequeño Vals Vienés” magníficamente aunque se sucedieron una serie de acoples en las guitarras de los Lagartija bastante molestos.

Si hubo una mala elección fue la de La Mala Rodriguez junto a Los Evangelistas. Interpretaron “En un sueño viniste” del disco “Homenaje a Enrique Morente”. Aunque a nivel instrumental se ejecutó de forma perfecta, y aunque sea una canción en esencia de rock, no es una canción de Omega y debería haber estado en la primera parte del espectáculo. Además, la voz de La Mala no estuvo demasiado acertada en cuanto a emoción y sentimiento.

Ciudad sin sueño” fue cantada por Kiki Morente y Soleá y al baile una enérgica actuación de Javier Barón. Esta sí que quedó redonda, Lagartija, voces, coros y baile funcionó y su ejecución fue perfecta.

Para cerrar, “Manhattan” de nuevo con Estrella Morente y acompañada por Amaral hicieron una de las mejores y más fieles versiones de la noche.

Foto de Chencho‏@DEBLASKYLIGHT

Foto de Chencho‏@DEBLASKYLIGHT

Como bis y aun sin parecer que lo hubiera, los tres hermanos Morente dedicaron la noche a todos los presentes diciendo “todos sois hijos de Morente”. Cantaron una adaptación del poema de Joaquín Sabina “A Enrique Morente”.

En definitiva. Una noche irrepetible que, a pesar de sus distintos problemas y defectos, nos regaló mucho sentimiento, mucho cariño, emoción y comunión ante la figura de Enrique Morente.

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